East Rutherford, Nueva Jersey, 19 de julio.- Argentina llegó a Nueva Jersey soñando con la cuarta estrella, con Lionel Messi buscando el cierre perfecto para una carrera irrepetible y con el discurso de que la Albiceleste siempre encontraba la forma de sobrevivir. Pero esta vez no hubo milagro, no hubo rebote afortunado, no hubo polémica que cambiara la historia. España fue muy superior y terminó levantando la Copa del Mundo en el MetLife Stadium ante más de 80 mil aficionados.
La Roja no ganó la final; la dominó.
Desde los primeros minutos quedó claro quién tenía el control. España manejó la pelota, impuso el ritmo y redujo a Argentina a una versión desconocida. El equipo sudamericano, que durante gran parte del torneo encontró soluciones en los momentos más complicados, jamás logró sentirse cómodo.
Y si el Mundial había estado lleno de imágenes de Messi resolviendo partidos, esta vez la postal fue completamente distinta. El capitán argentino pasó largos tramos desconectado, sin influencia real en el juego y sin encontrar espacios para cambiar el destino de la final. La maquinaria española simplemente no le permitió convertirse en protagonista.
Durante semanas, en distintos sectores futboleros se discutieron decisiones arbitrales que terminaron favoreciendo a Argentina en momentos importantes del torneo. Sin embargo, en la final ocurrió algo nunca se había visto en este mundial: cuando una decisión polémica no cayó de su lado y el partido exigió una respuesta futbolística inmediata, la Albiceleste no tuvo argumentos para remontar la corriente.
España, en cambio, respondió como responden los campeones. Con personalidad, con orden y con un futbol que fue creciendo partido tras partido hasta alcanzar su punto más alto en la noche más importante.
El escenario también estuvo a la altura de la ocasión. En los palcos aparecieron algunas de las figuras más importantes de la política mundial: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump; el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez; los Reyes de España, Felipe VI y Letizia; la presidenta de México, Claudia Sheinbaum; el presidente de la FIFA, Gianni Infantino; además de otros mandatarios internacionales.
Y mientras España celebraba una segunda estrella que confirma una nueva época dorada para su futbol, las redes sociales hicieron lo suyo con el humor que caracteriza a los aficionados.
Porque si algo no faltó después del silbatazo final fueron las bromas:
“Las Malvinas son para Inglaterra… y la Copa del Mundo para España.”
Una frase que seguramente hará sonreír a unos y enfurecerá a otros, pero que resume perfectamente una noche en la que Argentina perdió mucho más que una final.
Perdió el invicto.
Perdió la corona.
Y perdió la oportunidad de despedir a Messi levantando una última Copa del Mundo.
España, en cambio, se llevó todo.
El triunfo, la copa… y la gloria.
Imágenes: Portal FIFA
