Boston, Massachusetts, 29 de junio.- Hace doce años el mundo entero se rendía ante una selección alemana que parecía destinada a dominar una era. Aquella noche en el Maracaná, Alemania levantó la Copa del Mundo después de una exhibición inolvidable durante todo el torneo, coronada por el histórico 7-1 sobre Brasil y el gol de Mario Götze que silenció a Argentina en la final.
Hoy, aquella imagen parece pertenecer a otra época.
El Mundial de 2026 escribió este domingo un nuevo capítulo en la decadencia de uno de los gigantes del fútbol internacional. Alemania volvió a quedarse corta cuando más importaba y fue eliminada por Paraguay en una dramática tanda de penales (4-3), después de empatar 1-1 durante los 120 minutos reglamentarios en Foxborough. La derrota no solo significó el adiós del torneo; confirmó que el campeón de 2014 continúa perdido en un laberinto del que no ha podido escapar.
Mientras tanto, en Houston, Brasil recordó por qué sigue siendo una de las selecciones más temidas del planeta. La “Verdeamarela” sufrió durante gran parte del encuentro frente a un disciplinado Japón que soñó con dar otro golpe histórico en esta Copa del Mundo.
Los asiáticos sorprendieron al adelantarse en el marcador y durante varios minutos hicieron tambalear al pentacampeón. Pero cuando Brasil parece herido, suele responder con el peso de su historia. Casemiro igualó el marcador en la segunda mitad y, cuando el tiempo agregado agonizaba, Gabriel Martinelli apareció al minuto 95 para marcar el gol del triunfo y sellar el 2-1 definitivo que mantiene vivo el sueño del hexacampeonato.
Brasil no brilló como en otras épocas, pero volvió a demostrar que los equipos grandes también saben ganar cuando no juegan bien.
La larga caída de un campeón
Si Brasil celebra seguir con vida, Alemania vuelve a marcharse con la cabeza baja.
Desde aquella inolvidable conquista en Brasil 2014, la “Mannschaft” ha vivido una de las transformaciones más dolorosas que se recuerden para un campeón del mundo.
En Rusia 2018 protagonizó una de las mayores sorpresas en la historia de los Mundiales al quedar eliminada en la fase de grupos por primera vez en más de ocho décadas.
Cuatro años después, en Qatar 2022, la historia se repitió. Nuevamente hizo las maletas antes de los octavos de final, confirmando que la crisis no era un accidente, sino una realidad.
La Eurocopa de 2024, organizada en casa, pareció ofrecer una esperanza con su llegada a los cuartos de final, pero España terminó apagando esa ilusión.
Ahora, en Norteamérica 2026, Alemania consiguió romper la maldición de la fase de grupos, aunque solo para encontrarse con una nueva decepción. Paraguay le cerró el camino en el primer partido de eliminación directa, llevándola hasta los penales y dejando al cuatro veces campeón del mundo nuevamente fuera de la conversación por el título.
Lo más preocupante para el fútbol alemán no es una derrota aislada. Es la sensación de que la generación que maravilló al planeta hace doce años nunca encontró un relevo capaz de sostener su legado. Desde la despedida de figuras como Philipp Lahm, Bastian Schweinsteiger, Miroslav Klose, Mesut Özil, Toni Kroos o Thomas Müller, Alemania ha buscado reconstruirse entre cambios de entrenadores, nuevas generaciones y proyectos que aún no logran devolverle la identidad que la convirtió en una potencia.
Mientras Brasil sigue escribiendo su historia con la ilusión de conquistar una sexta estrella, Alemania observa desde la distancia cómo el recuerdo de 2014 se vuelve cada vez más lejano.
Porque en el fútbol, la gloria no garantiza la eternidad. Y el equipo que alguna vez pareció invencible hoy sigue buscando el camino de regreso a la élite.
Imágenes: Portal FIFA
